El pasado 11 de octubre de 2017, los
alumnos de 1º y 2º de bachillerato del IES Sabina Mora hicieron una
visita cultural al centro de nuestra Región promocionada por las
profesoras encargadas de las optativas de cultura audiovisual e
historia del arte, María Emma Moreno y Rosario Armero. En concreto,
los objetivos fueron el Museo de Santa Clara y el palacio Almudí,
dos ideas lejanas pero de interés destacado.
En el museo, hicieron introducción de la
historia de Murcia en época de cristianos y musulmanes. Fueron muy
curiosas las comparaciones que usó la guía entre la situación
actual en Cataluña y aquellos momentos bélicos. He de felicitarla
por su ingenio a la hora de actualizar las antigüedades para
adecuarlas a nuestro entender y por la tranquilidad de la visita.
En el Palacio Almudí haré mayor hincapié.
Fue una explicación breve pero densa del arte del siglo XX. La
exposición fue una auténtica oportunidad de abrir la mente e
imaginar qué se les pasaría por la cabeza a los personajes que
tenemos que estudiar y cuyas obras se exponen como arte. Si algo
quedó claro durante la visita es que el arte es arte porque lo hace
el artista, porque si no, me iban a decir a mí que el yunque
de sueños número sesenta y
tantos y la obsesión por las
manos desde un espacio
vacío de Chillida son una obra
de arte. Es abstracto y te tienes que fundir con la abstracción. Y
con esta premisa avanzamos obra por obra. Empezamos con un Picasso,
giramos por un Juan Gris, nos paramos en un Magritte y su compañero
de esquina Delvaux. Una sala entera dedicada a Chillida después nos
encontramos con una mezcla inclasificable de Tàpies.
Por fin nos llevaron al piso de arriba y mi
parte favorita, a la que, a pesar de la carrera a 140 de nuestra
querida guía porque se tenía que ir a comer, pudimos dedicarle un
tiempo más. Aunque en el fondo la mayoría tenía el mismo interés
que la guía por irse. La lucha entre un abecedario pintado al
minimalismo, con cortes geométricos, puntas recortadas y
combinaciones entre el blanco y negro; frente a este, en el otro
bando, una serie de pinturas que representaban los números del 0 al
9 de un modo más colorido y ambiguo a la vez. Un 3 muy interesante y
una relación exquisita entre la geometría interna y los números
representados. No podría olvidar el conjunto de dedos cortados y
ensangrentados sujetando un cuchillo de la pared este de la sala; y
qué decir de la pared oeste, donde, en esquina con la norte,
compartían protagonismo caras de hielo en una isla sujetas al mar
por cuerdas, Mickey Mouse y una colección de fotografías
desgarradoras por el toque pintoresco de su artista.
Todo en su conjunto ha hecho de la visita
una oportunidad productiva a la par que ociosa. Cuadros de renombre
y de nombre no tan conocido que reciben aquí cierto reconocimiento
–como el cuadro de los ojos donde los microbios son mirados al
telescopio-. Y, como en toda salida que se precie, caben destacar las
dos escapadas de los mayores del grupo y quienes siguieron sus pasos,
el desmayo de un guardia civil durante un reconocimiento a su labor
como organización y apoyo militar en la región y la lista de fallos
de la guía del palacio Almudí que nos dejó muy buen sabor de boca
a los que nos fijamos en todo.
M. J. Sánchez Roca. 1º Bach. A.
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